septiembre 16

septiembre 5, 2014 | by: 

Lectura poética Ayamonte-51_filtered

(Texto y fotos: José Luis Rúa)  La prensa nos dejaba hoy un titular con sabor a buena noticia, Caddy Adzuba, la periodista congoleña que había sido premiada con el Príncipe de Asturias a la concordia. A continuación el titular era tan brutal como atroz, mujeres que son mutiladas, golpeadas y violadas, son moneda de cambio en un país africano donde los derechos humanos de la mujer no existen. Países emergentes donde la violación de una mujer en grupo, está exento de culpa. Países desarrollados donde estos crímenes jamás son sancionados.

Lectura poética Ayamonte-63_filtered

Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua en la frontera con Estados Unidos, es uno de los lugares del mundo donde un mayor número de mujeres por metro cuadrado, son violadas, mutiladas y asesinadas. Ciudad Juárez en México es el infierno, si este existe, para cualquier mujer que pueda tener entre quince y veinticinco años. Y esta ciudad mexicana separada de El Paso en Texas, por el Rio Bravo, es desde 1990 foco de atención mundial por algo tan criminal, como asesinar mujeres, sin que la justicia, la policía y el propio gobierno sean capaces de frenar este feminicidio.

Por eso el cuatro de septiembre en más de cien ciudades de todo el mundo, gentes decepcionadas con la falta de respuesta a estos crímenes, sueltan al aire sus poemas, sus versos sangrantes, en apoyo de una causa que lleva muchos años perdida. Una causa que solo le queda saber que cuenta con el apoyo de quienes no les conoces, pero sin embargo hacen suyo su sufrimiento y su angustia diaria. De poco puede servir, pero mucho se está escribiendo.

Por esa razón, en la Casa Grande de Ayamonte, se ha reunido un grupo de poetas para soltar sus poemas solidarios, sus gritos de indignación y su esperanza de ver la luz en una zona tan amarga como triste. Gentes que viven a orillas de otro gran rio se hermanan con el sufrimiento de las mujeres de Ciudad Juárez y lo hacen como mejor saben, recitando sus poemas de rabia. Así es como he podido escuchar las voces de Eladio Orta, Clemen Esteban o David Alvaro, voces rasgadas pero voces firmes en su denuncia.